Amis, des contacts et connaître des personnes – A chacun sa chacune

Aujourd’hui, nous présentons un nouveau site web: Amis, des contacts et connaître des personnes – A chacun sa chacune

Ici, vous pouvez rencontrer de nouvelles personnes de partout dans le monde. Plus de 30 millions de personnes de tous les pays, quel que soit leur âge et le sexe. Une relation d’amour, une relation d’infidélité, une relation homosexuelle et bien plus encore.

Vous pouvez également trouver des relations avec les femmes asiatiques, les hommes plus âgés, avec les jeunes, le sexe occasionnel et le sexe interracial.

Joignez-vous à notre site et commencer à profiter d’une très grande communauté.

Bienvenue à “A chacun sa chacune”.

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¿Es la mujer menos sexual que el hombre? 10 claves para entenderlo

Gloria Arancibia, psicóloga y autora del libro ‘Placer y sexo en la mujer’, concluye que pensar que la mujer es menos sexual que el hombre es una idea errónea: “El deseo está presente en el ser humano, con más o menos intensidad, pero independientemente de que uno sea hombre o mujer”. ¿Qué ha llevado entonces a subestimar la sexualidad femenina? La psicóloga menciona algunas de las causas:

  1. El peso del coito. Se le ha infundido una sexualidad dolorosa y cargada de vergüenza, culpa o miedo ante el riesgo de infecciones y embarazos. Esto le ha provocado que considere el sexo una fuente de malestar e insatisfacción que le aboca a la desgana o a la renuncia del placer.
  2. Una mordaza para el placer. Nunca se le permitió expresar su deseo. Como consecuencia, su silencio ha supuesto un grave perjuicio para la relación de pareja.
  3. La cultura le ha negado estímulos eróticos. La pornografía, la publicidad más sugerente, los juguetes eróticos… todo está diseñado para excitar al hombre.
  4. Mercadotecnia masculina. Se ha cosificado el cuerpo de la mujer. Ha aprendido a ser deseada, pero no a desear o a conectar con su propio deseo.
  5. Discursos masculinos. El hombre contabiliza sus conquistas. La mujer las oculta. Y se la juzga desde los extremos: castidad y pureza o inmoralidad total.
  6. Confusión: Sexualidad igual a reproducción, como si esta fuese el único fin, algo que ha sucedido durante muchas generaciones.
  7. Desconocimiento. Al contrario que el hombre, anatómicamente le resulta más complicado acceder a sus genitales. No se le ha enseñado a formarse una visión de sus genitales como zonas erógenas, sino como motivo de problemas.
  8. Necesidad de alimentar el ego masculino, aunque el 60% quede insatisfecha. Solo ahora su sexualidad empieza a pertenecerle y se deja llevar por sus sensaciones.
  9. Acto estrictamente genital. Para sentir placer, la mujer necesita poner en juego sus sentidos y desarrollar un arte de amar. ¿Cuántos encuentros sexuales terminan en el orgasmo masculino y su eyaculación? Ella piensa que el erotismo empieza en el café de la mañana y ya no acaba. Tradicionalmente, para el hombre ha empezado y terminado en la cama.
  10. Excelente coartada masculina. Esgrimiendo razones biológicas y culturales, se han querido justificar comportamientos de abuso en la pareja. Ni siquiera sus niveles de testosterona disculparía actitudes derivadas de un supuesto incansable deseo sexual.

Yo, particularmente, estoy de acuerdo con la mayoría de los puntos que enumera la citada psicóloga. Especialmente los 5 primeros. Y muy especialmente el punto 5. Es curioso que un hombre que tiene varias aventuras sexuales al mismo tiempo sea visto como un gigoló y una mujer que hace lo mismo sea considerada como una prostituta, y esa es una visión que se tiene en la calle, no es una percepción que me esté inventando ahora.

Creo que la sexualidad de la mujer es más compleja y el hombre debe comprender y asumir eso para, en primer lugar, intentar obtener el placer de ella y luego el suyo. Si el hombre se centra en hacer lo mismo que ve en los vídeos pornográficos no creo que llegue muy lejos.

¿Cuántas parejas sexuales son demasiadas?

Todavía hoy, a la mujer se le critica su ‘vida alegre’ y el hombre se desgañita narrando proezas. 5, 15… ¡100! ¿Cuántas parejas sexuales son suficientes para que nuestro ego no se sienta agraviado y cuántas nos harían ya sospechosos de promiscuidad? Por nostalgia, curiosidad o simple entretenimiento, a casi todo el mundo le da por hacer recuento de parejas en algún momento de su vida y tira de agenda. Parejas no entendidas como relaciones sentimentales duraderas, claro está. A veces basta con una simple relación con “derecho a roce”, como se suele decir.

Ellos terminan rápido. Calculan ‘grosso’ modo, sin entrar en pormenores y con cierta tendencia a la inflación, según el psicólogo Norman R. Brown, investigador de la Universidad de Michigan. Ellas ponen nombre y se detienen en el detalle: aquel amor de verano, el vecino seductor, el compañero de oficina, el desliz del despecho… Así hasta contar un promedio de 8,6, según los datos que maneja Brown. Y 31,9 en el caso de los hombres. Algo exagerado, viendo el panorama actual de sobrepeso, alopecia, falta de higiene y otros factores que uno ve por cualquier calle de cualquier ciudad.

Las estadísticas varían según quien pregunte. En todo caso, nos encanta conocer los promedios y comprobar si el nuestro se queda chico o los sobrepasó. El portal de citas eHarmony indagó entre sus usuarios británicos. Las mujeres confesaron una media de 7; los hombres, 10. A unos y a otras les vino además el recuerdo de unas 4 citas horrorosas, de esas que preferían dejar en el olvido. La mayoría dijo que se había enamorado un par de veces en su vida y otras tantas le habían roto el corazón.

Pero si nos basamos en los datos del Instituto Kinsey, los hombres entre 30 y 44 años acumulan un promedio de 6 a 8 parejas. Las mujeres se quedan en 4, una cantidad lejana a esa veintena de parejas sexuales que toda mujer debería tener antes de su matrimonio, según Karyn Bosnak, la autora americana que inspiró la comedia ‘Dime con cuántos’.

El último estudio realizado por la Sociedad Europea de Ginecología, con 9.600 mujeres entre los 16 y 45 años, concluyó que la media de parejas sexuales de una mujer europea es de 10. Los hombres rebasarían la treintena. Quizás habría que descontar las exageraciones, pero esas son difíciles de medir.

El sexo en exceso puede hacerte infeliz

Aunque parezca difícil de entender para la mayoría de los hombres, el sexo podría no ser el elixir de la felicidad. De hecho, puede ser la causa del mal humor de muchas personas. La pasión, la seducción y el erotismo en exceso pueden amargar a las parejas y hacer sus vidas mucho más tristes. Es la idea que defiende un nuevo estudio de la universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, que ha comprobado que doblar la actividad sexual de un grupo de matrimonios solo les ha reportado desgracia.

Para comprobar el efecto del sexo sobre el estado de ánimo, los investigadores dividieron a 64 parejas de entre 35 y 65 años en dos grupos. El primer segmento -heterosexuales y casados- debía practicar sexo con normalidad, cediendo a la pasión con la frecuencia rutinaria. Sin embargo, el otro grupo debería mantener relaciones el doble de veces de lo normal, sin importar el cansancio o las ganas. La avalancha de sexo duraría tres semanas.

Después de ese tiempo, las parejas del segundo equipo estaban notablemente menos contentas que las del primero, según percibieron los investigadores. “El hallazgo fue una total sorpresa”, explica el jefe del estudio, George Loewestein, “creíamos que la gente que practicase más sexo lo pasaría mucho mejor y sería más feliz, y además esto favorecería sus relaciones de pareja”, indicaba en una entrevista con la revista Livescience. Pero Loewestein se equivocaba. El sexo, como todo placer, es mejor en su justa medida.

De todas formas, es solo un estudio y cada persona y cada pareja es un mundo. Prueba dónde está el límite si es que tu pareja te lo permite.

Nuestras mayores torpezas sexuales

En la cama no somos perfectos,  y eso hay que admitirlo desde el primer momento. Ni siquiera con la experiencia seremos perfectos, porque siempre se aprenden cosas nuevas. Y eso provoca a veces que las relaciones sexuales se conviertan en rutinarias por miedo a experimentar cosas nuevas y equivocarnos. Pero no estaría de más dar con el punto exacto que debería mediar entre el hastío de la rutina, que mata la pasión, y esa locura que acaba con nuestros huesos hechos añicos y la dignidad tronchada en dos, y no precisamente de risa. Las siguientes son unas pautas sutiles de prudencia, si bien una buena carcajada puede salvar hasta el coito con calcetines o las bragas de Bridget Jones en sus mejores tiempos cinematográficos.

  1. Está genial ponerle una pizca picante a la relación, pero teniendo en cuenta que tus fantasías no son siempre las suyas. Un traje de Superhéroe o de Caperucita Roja pueden alimentar el morbo o el sonrojo, según el momento y la persona.
  2. La mala higiene o los gestos soeces matan la libido sin derecho a réplica y con pocas posibilidades de tomarlo con humor. La naturalidad no puede confundirse con grosería.
  3. La falta de pericia al desabrochar un sujetador o desabotonar una camisa desborda la paciencia de cualquiera.
  4. El desenfreno debe reservar un lugar al sentido común. Por ejemplo, no perder de vista las llaves de las esposas. Entre las urgencias atendidas en el hospital Kings College de Londres, destaca el caso de un caballero con dos anillos de metal pegados a su pene por tratar de imitar a Christian Grey, el protagonista de la famosa trilogía.
  5. ¿Aún nos resistimos a dejar nuestros móviles en stand by?
  6. En momentos de lujuria no se puede ser un bocazas. ¿A qué viene hablar de ex, hacer comparaciones, pedir compromiso o planificar el futuro?
  7. El salto del tigre u otras hazañas sexuales no dejan de ser emocionantes, siempre que ninguno de los dos acabe hiriendo con uñas o dientes las partes más sensibles del otro.
  8. Cada persona dispone de una ruta del placer muy personal que la pareja no tiene por qué conocer si no se le va guiando de modo adecuado.
  9. Si no somos muy habilidosos, ¿por qué empeñarse en la estrechez del ascensor o el poco romanticismo del baño?
  10. Y si tampoco somos acróbatas, obstinarse en tomar las posturas del Kamasutra como modelo puede resultar muy ridículo.
  11. El sexo furtivo es excitante, pero se disparan las posibilidades de ser sorprendidos o de cometer meteduras de pata bastante acaloradas.
  12. No hay mayor torpeza que insistir en taparse la celulitis o apagar la luz para disimular los michelines, en lugar de dejar que fluya la sexualidad.
  13. ¿Aún no hemos aprendido a usar el preservativo con soltura? Puede entonces que esta sea la primera y última cita.
  14. Como dice una de las columnas de Esther Balac, “cuando por fin encuentren nuestras zonas erógenas, no las traten como tuercas de carro”.
  15. Un ‘no’ significa una negativa puntual, no un rechazo personal. Obcecarse sí conduce al rechazo.
  16. Usar juguetes sexuales es un gesto creativo y positivo, pero precipitarse al desplegar tu repertorio puede resultar una torpeza muy intimidante.